— Jubilación —


Jubilación

El anciano salió de su casa y se dirigió al banco para hacer una simple extracción de dinero. Al llegar, la puerta no se abría y un guarda de seguridad tuvo que salir al ver que el hombre se ponía nervioso y empezaba a golpear con ímpetu la puerta de cristal. El guarda le informó que dicha operación podía realizarla desde el cajero automático que había en la calle sin necesidad de entrar al banco. El viejo le contó al guarda que debía sacar una cantidad de dinero algo elevada y que los cajeros tenían un límite de 600 euros, y el guarda le preguntó si había pedido cita. —¿Para sacar dinero? —respondió el anciano con cara de estupefacción—. Por suerte, una trabajadora vio la escena, salió a la calle y le dejó entrar porque le daba algo de pena. Si la entrada ya fue accidental, no se pueden llegar a imaginar lo que sucedería después...

Para llegar al cajero tuvo que sacar un tiquete numerado. Para sacar el tiquete tuvo que sacar sus gafas (porque no veía bien la pantalla), y la cartera para sacar su DNI (porque no se acordaba del número). Luego, responder a un formulario (se confundió varias veces) y, al final, el tiquete no salió porque se había terminado el papel de la máquina, provocando la indignación de la gente que esperaba detrás de él. Tras discutir con tres personas más y decirles que ya estaba bien, que cómo podían tratar asía a la gente mayor, que él había sido siempre cliente del banco, que no sabían con quién estaban hablando, etc... hizo dos horas de cola y pudo por fin acceder a la cajera. —Podría haber sacado ayer una parte del dinero en el cajero y hoy otra —le dijo la cajera—, y así, se ahorraba de venir hoy aquí. ¡Que siempre estamos igual! —Deme mi dinero —le dijo el abuelo—, en billetes de 50 euros. —Sólo tengo de 100 —le respondió ella...

Salió del banco completamente histérico, dándose cuenta de que ya era hora de jubilarse. Se había hecho mayor, y ya no era capaz de vivir en una sociedad tan estúpida, llena de trabajadores inéptos que se molestaban por cualquier cosa... Así que despidió a todos sus trabajadores, y en menos de un mes vendió su empresa (un banco sencillo pero que se defendía bien) a otra entidad financiera. Sabía que a partir de ahora le seguirían igual de mal, pero ya no pasaría nunca más la vergüenza de que sus propios trabajadores lo maltrataran de esa forma, ¡en su propio banco!



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