— El beso —


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El profesor, el señor Bancroft, estaba hasta el gorro de volver a tener que llamar la atención en clase. Esta vez había sido el pequeño Paul, de cinco años, quien, aprovechando que estaba escribiendo en la pizarra, había ladeado su cuerpo y besado a la inocente Jenny a propósito. El beso fue tan intenso que todo el mundo se enteró, y pronto, las sonrisas y las voces de los demás niños inundaron el aula. Todo había comenzado cuando uno de ellos escuchó por casualidad que hoy, 13 de abril, se celebraba el Día Internacional del Beso; y entonces, Andy, uno de los niños más gamberros del centro, decidió besar por sorpresa a Angie, quien no dudó en agradecer el gesto. A partir de aquel momento ya no hubo forma de parar el enredo y, cada diez minutos, el pobre Bancroft se veía obligado a parar la clase por culpa de otro valiente que interrumpía su oratoria. ¿Cómo podía el señor Bancroft hacerles entender que esas cosas no podían ni debían hacerse así sin más? Unos minutos antes, Elliot había besado a Denise, quien anteriormente había besado a Andy que, como ya dije, había besado anteriormente a Angie. ¿Cómo explicarles que besar no era parte de ningún juego? «¡Maldita sea!», pensó. Pero, por suerte para él, cuando tocó la sirena todos se levantaron con el rostro enrojecido y se marcharon a sus casas. El profesor Bancroft recogió entonces sus cosas y al salir se encontró con la directora del centro, la señora Bannerman: «¿Sigue en pie lo de esta noche?», le dijo guiñándole un ojo; y, tras comprobar que nadie les observaba, se dieron un hermoso beso. Algún día ellos, entenderían la diferencia…


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